La polimedicación constituye actualmente un gran problema de salud, entendiéndose como tal la toma diaria de más de cuatro medicamentos.

Esta situación, aunque se puede sufrir a cualquier edad, es muy frecuente en países con una alta expectativa de vida, ya que el hecho de que vivamos más está asociado a un número elevado de trastornos tales como: problemas cardíacos, artrosis, patologías respiratorias, colesterol elevado e incluso diabetes, lo que hace que se necesite al menos un fármaco por cada padecimiento y lleva a que un veinticinco por ciento de los mayores de 65 años tome más de cinco medicamentos diarios.

Pero la sobremedicación puede darse también por otros factores que agravan más la situación, como la falta de control médico. En ocasiones, muchos pacientes reciben dos o más medicamentos para tratar un mismo problema, situación que se da con frecuencia en ancianos —la mayor parte viven solos y van al médico por su cuenta—.

Las personas mayores son más susceptibles de caer en la polimedicación; por un lado, son tratados por su médico de cabecera, pero también por determinados especialistas (traumatología, cardiología, medicina interna…), que van agregando a la lista de medicamentos más y más fármacos, en ocasiones redundantes y que, al no llevar control por parte del médico de cabecera, llevan a esa sobremedicación.

La medicación también puede ser excesiva en casos de enfermos que padecen inmunodepresión. También ocurre en personas con sida o cáncer que requieren quimioterapia y a las que, independientemente de su edad, su estado inmunológico no les permite controlar muchas de las agresiones externas, teniendo que ser asistidos con una batería de medicamentos.

Las recomendaciones de amigos y familiares acerca del éxito que tuvieron con un medicamento sustituyen en ocasiones a las recomendaciones médicas. Este es un factor muy peligroso que incrementa la toma de medicamentos, pues tales recomendaciones no son fiables y pueden conllevar muchos riesgos. La toma de medicamentos sin prescripción médica está prohibida y puede ser fatal, como en el caso de los antibióticos y otros fármacos.

Estadísticamente, el veinticinco por ciento de la población española toma más de cinco medicamentos a la semana. Cuando se trata de mayores de 65 años la cifra casi se duplica, llegando al 44 por ciento en hombres y al 57 en mujeres.

Tomar más de cinco medicamentos diarios (en ocasiones de forma inadecuada, por los factores comentados), conlleva un riesto que muchas veces no se tiene en cuenta y que se debe a la interacción entre ellos, a las incompatibilidades. Hay que tener en cuenta que los medicamentos no se pueden consumir como fruto de la rutina de la automedicación, mientras no sean estrictamente necesarios.

También es verdad que, en numerosas ocasiones, para tener controlado un enfermo hay que polimedicarlo. En España y otras sociedades desarrolladas esto se hace especialmente visible debido al envejecimiento de la población (actualmente en nuestro país la esperanza de vida es de 75 años para los hombres y 80 para las mujeres), pues entre las personas mayores se dan con más frecuencia enfermedades crónicas que necesitan medicación constante.

Para tener controlados a los pacientes polimedicados, y evitar interacciones y efectos secundarios, los gastos médicos son mayores debido al aumento de las frecuencias de las consultas, los controles de enfermería y la necesidad de dedicarles más tiempo en las consultas que al resto  El factor cultural de la polimedicación Además de todos los factores presentados, la cultura también incide en la manera de utilizar los medicamentos. Vivimos en una sociedad de consumo que, al igual que hace necesario un producto para cada necesidad, también exige un medicamento para cada situación patológica. Tolerancia al dolor El culto al bienestar rendido por nuestra sociedad provoca una disminución del nivel de tolerancia al dolor y a la incomodidad. La recurrencia a los medicamentos ante cualquier síntoma se ve favorecida también por este factor cultural. Hoy en día son pocas las personas que deciden darle un margen de tiempo al organismo para arreglar el problema por sí mismo, antes de recurrir a la caja de pastillas.

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