Sara López Vázquez nunca se imaginó que, a sus 78 años, tendría que volver a aprender a andar. Pero así fue. El covid la envió un mes a la Uci del Hula donde, finalmente, logró salvar su vida tras sufrir un proceso de neumonía grave. Sin embargo, pese a que consiguió dejar el virus atrás, salió del hospital sentada en una silla de ruedas, sin poder andar ni valerse por sí misma ya que, además de perder la movilidad en las piernas, también se quedó sin fuerza muscular en los brazos y en las manos, convirtiéndola en una mujer dependiente.

Su familia optó por una recuperación intensiva, completa y rápida y se dirigió a la recién creada unidad de Daño Cerebral Adquirido y Recuperación Funcional, en el hospital Ribera Polusa, donde ofrecen la atención de un equipo multidisciplinar formado por terapeutas ocupacionales, psicólogos, fisioterapeutas especializados en neurorehabilitación y neurologopedas. 

Lo ha contado El Progreso.

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