Se calcula que en los países occidentales, la alergia alimentaria afecta a un 8% de los niños menores de 4 años de edad y a cerca del 2% de la población adulta. Esta prevalencia aumenta, si consideramos pacientes con alergia alimentaria asociada a alergia respiratoria a pólenes, donde alrededor del 60% de los pacientes pueden tener síntomas secundarios a la ingesta de alimentos asociados.

Hasta hace algunos años el único tratamiento disponible para tratar la alergia a los alimentos era la dieta de exclusión o evitación total del alimento. El problema radica en que el paciente alérgico puede exponerse de forma accidental al mismo y sufrir una reacción grave, lo que supone una importante carga psicológica, y económica y obliga al paciente a llevar medicación de emergencia para tratar las posibles reacciones.

Rueda de prensa

Esta terapia activa,  consiste en administrar cantidades progresivamente crecientes del alimento (o fracciones del mismo) al que el paciente es alérgico, comenzando por pequeñas dosis, durante un periodo variable de tiempo, con el fin de modular la respuesta inmunitaria para inducir desensibilización y  la tolerancia permanente a dichos alimentos, y alcanza una tasa de éxito variable muy cercana al 80%.

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